Comunicación asertiva: la habilidad que transforma relaciones y evita conflictos innecesarios

Si alguna vez has sentido que dices “sí” cuando quieres decir “no”, que cargas con responsabilidades que no te corresponden o que te callas para evitar molestias, no estás solo/a. La falta de comunicación asertiva es una de las causas más frecuentes de malestar interpersonal.

NBosch

12/26/2025

La comunicación asertiva es una de las habilidades de comunicación más importantes para el bienestar emocional y, al mismo tiempo, una de las menos aprendidas. Muchas personas llegan a la adultez sin haber aprendido a expresar sus necesidades de forma clara y respetuosa.

Desde pequeños solemos aprender dos modelos disfuncionales de comunicación:
Callar para no molestar
Hablar desde el enfado o la imposición

La asertividad es el punto intermedio entre la pasividad y la agresividad. Implica expresar lo que piensas, sientes o necesitas sin anularte a ti ni al otro.

Las personas pasivas tienden a minimizarse, a ceder constantemente y a evitar el conflicto a cualquier precio. A corto plazo esto reduce la tensión, pero a largo plazo genera frustración, resentimiento y sensación de invisibilidad.

Las personas agresivas, en cambio, expresan sus necesidades desde la imposición, el reproche o el ataque. Pueden conseguir resultados inmediatos, pero deterioran las relaciones y generan distancia emocional.

La comunicación asertiva busca algo diferente: relaciones sanas y equilibradas.

Ser asertivo implica varias habilidades:

  1. Reconocer tus emociones y necesidades
    No puedes expresar lo que no identificas. Muchas personas saben que están mal, pero no saben qué necesitan exactamente. La asertividad empieza por el autoconocimiento.

  2. Validar tu experiencia interna
    Tus emociones no son exageradas ni incorrectas por el hecho de existir. Sentir no te hace débil; ignorarte sí te desgasta.

  3. Expresarte en primera persona
    Decir “yo me siento”, “yo necesito”, “para mí es importante” reduce la defensividad del otro y te coloca como responsable de tu experiencia, no como juez.

  4. Aceptar que el otro puede no estar de acuerdo
    Ser asertivo no garantiza que el otro cambie o acceda. Garantiza que tú te expresas con coherencia y respeto.

  5. Poner límites claros
    Decir no no es rechazar al otro; es cuidarte. Los límites protegen las relaciones, no las rompen.

Un error frecuente es confundir asertividad con “decirlo todo”. Ser asertivo también implica elegir el momento, el tono y la forma. No todo se dice en caliente ni de cualquier manera.

Otra dificultad habitual es la culpa. Muchas personas saben poner límites, pero luego se sienten mal por hacerlo. La culpa no significa que el límite esté mal, sino que estás rompiendo un patrón aprendido.

La asertividad se entrena. Al principio puede resultar incómoda, generar miedo o inseguridad. Pero con práctica, se convierte en una forma más honesta y tranquila de relacionarte. Y cuando empiezas a comunicarte así, no solo mejoran tus relaciones: también mejora tu autoestima.